SALUTOGENESIS
  


¿Qué es la Salutogenesis?
La Salutogenesis es un enfoque diferente en la medicina, que investiga las fuerzas de autocuración del organismo humano. Por ejemplo, en el caso de una enfermedad infecciosa, más que preguntarse por la causa de la enfermedad, se pregunta ¿Por qué uno se contagió pero el otro no? ¿Qué lo mantuvo sano? Más allá de la prevención convencional, la Salutogenesis concibe la salud como un estado de integración físico, anímico y mental, basado en la activación de las propias defensas del cuerpo, el desarrollo de la resistencia y la capacidad de adaptación al cambio. Se ocupa no sólo de acabar con la enfermedad sino más bien de encontrar los medios para mantener la salud.

El enfoque atroposófico de la salud

La salud evoluciona de un constante balance entre polaridades tales como sueño y vigilia, reposo y movimiento, alegría y pena. Dado que el bienestar depende de la actitud personal ante la vida y las decisiones tomadas en el camino, existen tantos estados de salud como personas

LA PSICONATUROMEDICINA 
Y SUS PROPUESTAS TERAPEUTICAS NATURALES
SINTOMATOLOGÍA Y DIAGNÓSTICO

Objetivos de la lección


En esta primera lección el alumno aprenderá la parte más esencial de la medicina: la evaluación de los síntomas. Para ello deberá escuchar, tocar, hablar y observar detenidamente al enfermo, pues con todo ello podrá llegar a establecer un diagnóstico probable de la causa y consecuencias del mal.

No obstante, en su exploración pronto aprenderá que hay ciertos elementos más sutiles que no puede pasar por alto pues, con frecuencia, son el origen del verdadero mal. Me refiero al entorno de la persona, sus emociones, sus sentimientos y, muy especialmente, sus frustraciones, pues se sufre más por lo que se desea que por lo que ya se tiene.

Desde que existe un accidente en el hogar hasta que el enfermo puede ser asistido por un médico, pasan unos minu­tos e incluso horas que pueden ser decisivos para la salud y en ocasiones para la vida del enfermo. Si durante ese espacio vital de tiempo se pusieran en marcha una serie de medidas eficaces para mitigar el mal o al menos para que no siguiera progresando, cuando por fin el enfermo llegue a un hospital o pueda ser asistido por un médico en el propio domicilio, es probable que las consecuencias no sean dramáticas.


1. LA PERSONALIDAD DEL PACIENTE


Aunque el ser humano es individual y único, la mayoría de las personas se pueden clasificar por grupos bien definidos, aunque siempre efectuando después subdivisiones entre ellos. Indudablemente, la persona que acude a un naturópata no tiene la misma personalidad ni forma de pensar que quien acude a los chequeos rutinarios de su médico de cabecera. Algo existe en el carácter de esas personas que le empujan a buscar ayuda y comprensión en especialistas que están al margen de la medicina oficial. Eso ya es, en sí, una ventaja.

Esta es una clasificación sobre los tipos de caracteres más habituales que suelen darse en una consulta: 



1.1. OBSESIVO


La preocupación sobre su cuerpo, su mente y su comportamiento le hacen estar alerta y temeroso la mayor parte del día. Suelen ser maniáticos de algo, de la limpieza, de su imagen o del orden, lo que les lleva a oprimir a quienes viven a su alrededor. Pueden tener una fijación obsesiva en su pelo, lavándoselo diariamente de manera compulsiva y probando cuantas lociones y champús existen en el mercado cuya publicidad les aseguran el logro de sus deseos. 


Tan detallistas y ordenados son que nunca encuentran el momento adecuado para acostarse, pues siempre hay algo que todavía no está en su sitio. Esconden todo en armarios, colocan las sillas milimétricamente y hasta pueden obsesionarse por los cuadros ligeramente descolocados. 

Cuando salen de casa revisan tres o más veces las llaves de la luz y el gas, gustando dejar la casa perfectamente ordenada para satisfacer a nadie, pues nadie vivirá allí hasta que regrese. 

Tan obsesionados está con los detalles y el orden, que aborrecen a quienes son algo más descuidados y a quienes no dan importancia a este control de la parte material de la vida. 

Recuerdan datos de todo y todos, y en los momentos de mayor tensión les podemos ver caminando por las aceras tratando de no pisar la línea de las baldosas.


En la consulta hablan más que escuchan y cuando permanecen callados solamente están pendientes de lo que dirán en el momento en que el terapeuta se calle un segundo. 


Incapaces de detener sus palabras, pueden seguir hablando sin parar aunque no haya nadie que les escuche.

Para ser comprendidos emplean un amplio y superfluo preámbulo, detallado al máximo, aunque cuando llegan al motivo de su charla el contenido es muy superficial. 


1.2. EGOCENTRISTA


Vienen a la consulta frecuentemente porque desean experimentar algo nuevo, algo que después contarán a los demás. 

En la conversación preliminar hablan mucho sobre su vida, profesión y capacidad intelectual, incluso aunque nadie les pregunte por ello. Son como esos médicos que cuando les preguntan por su nombre dicen: “soy el doctor...”, aunque nadie esté interesado en su profesión. Curiosamente, no les influyen mucho las opiniones de los demás pues les basta un espejo para aplaudirse. Esa superioridad de la que están convencidos se plasma en su vida social y laboral, encontrando con facilidad a su alrededor gentes sumisas y menos impulsivas que prefieren seguir a un líder en lugar de caminar solos por la vida.

Aunque aparentemente les gusta ayudar a los inferiores o a los menos dotados, en realidad lo que buscan es su aplauso final, su reconocimiento a tan alta categoría. Sin aplauso no ayudan a nadie y por eso no es frecuente que les veamos cuidando sacrificadamente a un chucho callejero o enviando dinero a una familia de indigentes. Si lo hacen, alguien debe verlo, y si no es así lo dirán para que quede todo bien claro.


Por eso suelen ser personas triunfadoras socialmente, empresarios con éxito o mujeres que atraen a los hombres como si fueran un imán. El terapeuta debe rendirse a sus encantos, o al menos simularlo, pues de lo contrario se les ofendería en lo más profundo de sus sentimientos. Una vez dormidos las cosas cambian y muestran en sus sueños los mismos temores y dudas que los demás, necesitando finalmente una ayuda espiritual. 


Su mayor problema es que buscan tanto el reconocimiento que se olvidan de que los demás tienen sentimientos intensos que implican delicadeza y cuidados. Vivir con ellos lleva con frecuencia a la soledad espiritual. 


1.3. SIN AUTOESTIMA

Hay quien piensa que la autoestima es algo que se pierde, como quien pierde un trabajo, y que todo consiste en buscarla para recuperarla. También hay quien cree que la autoestima es algo que te pueden quitar, como se quita el dinero, y que necesitas de alguien que te la restituya. De igual modo, hay personas que están seguras que las críticas o los comentarios negativos destruyen la autoestima, por lo que buscan solamente personas que aplaudan y feliciten, hagan lo que hagan. 

Nadie nos puede quitar o dar nuestra autoestima, pues es algo que forma parte de nosotros mismos

Nada de esto es cierto pues como la misma palabra sugiere autoestima es algo que pertenece a cada uno, una cualidad, una valoración que depende exclusivamente de uno mismo, nunca de los demás. La autoestima la podemos mantener intensamente aunque nos despidan del trabajo, nos desprecien los amigos o nos insulte nuestra pareja habitual. También la podemos mantener sin problemas cuando nos rechacen en mil y un empleos, nos pongan multas hasta por estar parados y nos salgan más verrugas que a las brujas de Salem. 

Desdichadamente, hoy en día hay “talleres” para recuperación de la autoestima en los cuales lo único que hay son personas quejándose de sus padres, profesores o cónyuges, acusándoles de haberle quitado su autoestima. 

Se les han quitado y nadie sabe qué habrán hecho con ella, pero ya no la tienen y por eso acuden a un psicólogo, pues están seguros que con unas cuantas conversaciones saldrán con su diploma de autoestima bajo el brazo. 


Durante el tratamiento, el terapeuta tiene claro que la autoestima no depende de que nadie la otorgue o la quite, y por eso frecuentemente se encontrará con una persona débil de cuerpo y espíritu, esencialmente dependiente y pedigüeña, así como poco acostumbrada a resolverse los problemas por sí sola. 


Lo esencial es conseguir que cambie su concepto de autoestima, de autovaloración, y enseñarle a caminar por la vida sin pedir ayuda y, si es posible, otorgándola a quien la necesite.


1.4. SEXUAL

Pueden ser hombres o mujeres y para ambos el amor y la relación de pareja es la base de su vida. Confunden frecuentemente cariño con pasión, deseo con ansia y es habitual que estén convencidos de que si la pareja no “funciona” en la cama no funcionará fuera. Es más, están seguros que una buena técnica sexual logra unir a la pareja más que una simbiosis del carácter o los gustos. 

Las mujeres afirman que los hombres solamente “piensan en eso”, mientras que ellos están convencidos de que para que una mujer ame profundamente hay que ser un experto en la cama. Ellas muestran su cuerpo más que su alma, y salen a la calle exhibiendo carne pues saben el atractivo que ello ocasiona en los hombres. Ellos, por su parte, están convencidos de que todas las mujeres son iguales y que para conquistarlas solamente se necesita un buen lenguaje y una tarjeta de crédito sin límites. Cuando ambos se encuentran cada uno muestran sus armas, sus irresistibles armas, y como frecuentemente les dan resultado sus creencias se hacen más firmes.

Luego llegan los desengaños, las desilusiones, la ruptura y hasta la frigidez, pues cuando los buenos y nobles sentimientos no figuran entre sus cualidades y todo es tan fugaz como un orgasmo -ese momento tan hipervalorado por ellos- la relación de pareja se derrumba. 


Esas personas, no obstante, viven siempre en comunidad, tienen amplios círculos de amigos y organizan frecuentes reuniones y fiestas. Son atractivas, con facilidad de palabra, visten bien y hasta parecen cariñosas. 


En el fondo les gustaría ser amadas por sí mismas, por su intelecto, por sus cualidades morales, por su sensibilidad, pero como solamente enseñan carne o dinero, nadie les pide otra cosa. 


1.5. ESCÉPTICOS

Son los peores, y lo primero que le dirán es que ellos “no creen” en la medicina natural, pero que están allí porque un “amigo suyo” les aconsejó que fueran. No se consideran enfermos y el motivo de su visita es más por curiosidad que por interés en curarse. 

Sin apenas dejarle hablar le explicarán que tampoco creen en Dios ni en los espíritus, sin que ambas creencias tengan nada que ver con la medicina, pero ellos lo meten todo en el mismo saco. 

Nadie sabe, ni siquiera ellos mismos, la razón por la cuál un escéptico acepta someterse a un tratamiento de Medicina Natural. 

Suelen denominarse como realistas, que es sinónimo de carecer de imaginación, y emplean la palabra “lógica” frecuentemente, pues para ellos todo lo que piensan es producto de la lógica, de la suya. Aunque se consideran graciosos y poseídos por una ironía mortal en sus conversaciones, en realidad son solamente pedantes y engreídos, dando la impresión de que tienen mucho mundo aunque apenas si han logrado salir del redil familiar. 



1.6. ENTUSIASTAS

Se apuntan a un bombardeo si es necesario con tal de vivir una nueva experiencia en sus vidas. Prueban y han probado de todo, religiones, sectas, meditación trascendental, ocultismo y, con frecuencia, drogas, pero solamente “para saber qué es eso”. Con la misma pasión que se interesan por un tema lo abandonan, pues no profundizan en nada, y les encantan estos temas y terapias para poder luego comentar con sus amigos lo apasionantes que son.

Quieren que les adivinen sus enfermedades y que les digan algo sobre su vida pasada, pues están seguros que son diferentes hasta en las enfermedades padecidas.

Igual que existen coleccionistas de medicamentos, los hay de plantas medicinales.


1.7. DESENGAÑADOS

Han acudido a tantos médicos, psicólogos y filósofos que han perdido la cuenta, y el dinero. Su problema les parece imposible de solucionar, pues es tan complejo que ni siquiera “los mejores médicos” han logrado curarles. Coleccionan medicinas en sus casas lo mismo que otros lo hacen con los sellos de correos, y han repetido tantas veces su “problema” que saben expresar de memoria todos los detalles.

Les gusta hablar de aquel médico o psiquiatra de prestigio que les atendió y que era buenísimo y amable, pero a quien tuvo que dejar por causas ajenas a su voluntad. No es que crean mucho (después confesarán que nada) en la medicina natural, pero quieren intentar todo con tal de curarse de ese problema que no les permite vivir. 

Son dóciles y complacientes, pero apenas dejan hablar y es mejor empezar a interrogarles hábilmente para que sea su subconsciente quien hable en su nombre.


1.8. NERVIOSOS

Hay que tener cuidado con ellos pues con frecuencia su desequilibrio mental es muy intenso y pueden reaccionar con brutalidad. Otros son amigos de denunciar a cuantos terapeutas han intentado curarles, y aunque los jueces les conocen bien ocasionan quebraderos de cabeza y mucha pérdida de tiempo. 

Llamarán una y mil veces por teléfono para consultar todo lo imaginable y se las apañarán para saber el número privado del terapeuta e incluso el del móvil, empleándolo frecuentemente a pesar de que se les diga que no se le puede atender así.

Su conducta es imprevisible y pueden pasar del llanto a la ira. Apenas comience la sesión manifestarán intenso miedo y preocupación por su destino, sudarán fuertemente y nos es infrecuente que abandonen la consulta bruscamente.

La Medicina Natural puede tratar con eficacia los problemas psíquicos menores, pero los graves requieren con frecuencia el trabajo de un psicólogo o psiquiatra. 


2. VALORACIÓN DE LA ENFERMEDAD

En una consulta nos podemos encontrar con tres tipos bási­cos de problemas:

1. El enfermo tiene diferentes síntomas que nos indican que algo no va bien.

2. Ha tenido un accidente traumático bien definido.

3. Posee un diagnóstico elaborado anteriormente por otro médico. 


Síntomas
Este concepto, el síntoma, no es la enfermedad misma sino la forma de manifestarse. En función de lo que veamos sabremos si se hace necesario un tratamiento urgente o podemos esperar a tener más datos. 

Los síntomas pueden ser físicos y psíquicos, aunque con gran frecuencia confluyen los dos juntos.

Entre los físicos tenemos principalmente:

· Dolorosos 

· Hemorrágicos 
· Respiratorios 
· Febriles 
· Gástricos 
· Arteriales 


2.1. EL DOLOR

Detrás de todo dolor existe una alteración de la salud, más o menos grave, temporal o crónica. El primer problema que nos encontramos es que cada persona tiene una sensibili­dad al dolor diferente a los demás y, por tanto, no siempre so­mos conscientes de que le duele algo. Un niño pequeño o un anciano, por ejemplo, son totalmente opuestos en su res­puesta al dolor. Mientras que un bebé manifestará su males­tar con lloros, el anciano es posible que ni siquiera perciba que tiene un hueso roto, salvo por unas ligeras molestias que no tendrá en cuenta.

En caso de accidente de automóvil, tendrán más dolores los pasajeros con heridas leves que los que están al borde de la muerte, de la misma manera que causa más dolor un alfiler clavado voluntariamente en el brazo que la cuchillada de un delincuente. Por ello, no debemos valorar el dolor por su intensidad sino por otras causas que vamos a analizar.

El dolor es la mejor manifestación de que algo no funciona bien en nuestro cuerpo


¿Qué es el dolor?

El dolor aparece como consecuencia de la estimulación de las terminaciones nerviosas sensitivas, quizá como una consecuencia a la distorsión de la membrana que las recubre. Esta deformación puede estar ocasionada por el frío, el calor, la electricidad, por presión, golpe, o por espas­mos musculares o arteriales, entre otras causas. Además, el dolor es frecuentemente reflejo y no necesariamente la parte dolorida ha tenido que sufrir una agresión. Una lesión cardiaca producirá un dolor agudo en el antebrazo, mientras que si el origen está en el diafragma lo acusaremos en el hombro o en la fosa ilíaca.

2.1.1. Diferentes tipos de dolor

Este apartado es de sumo interés a la hora de realizar un diagnóstico rápido y, por tanto, debere­mos preguntar, tanto al enfermo como a los familiares, cómo es el tipo de dolor que manifiesta, con qué periodicidad, y en qué circunstancias se agudiza o disminuye. 


Por su localización:

Cutáneo
La sensación puede ser punzante, como si nos clavaran algo, de quemazón o de picor.

Lo podemos sentir en la piel superficial, en las mucosas, en la vagina o en los conductos anales y de la uretra, aunque puede ser algo más profundo o que abarque a tejidos musculares.

No hay personas “quejicas” ante el dolor; solamente son enfermos con una respuesta mucho más acusada que las otras.


Nervioso
El malestar se percibe en el recorrido de un nervio, como ocurre en las neuralgias o ciáticas, mientras que aquellos más graves que afectan a la médula espinal suelen ser indo­loros, aunque con fuerte sintomatología. Los dolores causa­dos por presión a los nervios o irritación de su raíz suelen ser muy frecuentes. Además, cualquier parte enferma de nuestro organismo puede afectar a los nervios aferentes.


Membranas serosas
Son: la dura, que está inervada por los nervios cervical y craneal, la pleura por los intercostales, así como el dia­fragma, el pericardio, el corazón y el peritoneo. Puede pro­ducirse en estas zonas tensión, irritación o inflamación al contacto con una víscera enferma, la cual traspasa su dolor a la zona cutánea más próxima.

En el caso del abdomen el dolor se produce porque la víscera enferma establece contacto con el peritoneo y le irrita, al mismo tiempo que se produce una rigidez de la musculatura adyacente a causa del edema. Como consecuen­cia, el dolor se percibe en una zona que no es la parte en­ferma.

Solamente nos damos cuenta que tenemos estómago cuando nos duele.


Dolor visceral
Se trata de aquellas partes que recubren el cerebro, los pulmones, la pleura, el corazón o el pericardio. En el cráneo solamente son sensibles las estructuras vasculares, pero no lo son los ventrículos ni el cerebro. 

Igualmente sensibles al dolor son el tórax y la pleura en casos de pericarditis con tos o cuando tragamos, síntoma que puede ser confundido con un infarto de miocar­dio si aparece en el esternón, al nivel de las mandíbulas o los hombros. 

El dolor de esófago también puede dar lugar a con­fusiones, ya que comparte algunas ramas nerviosas con el corazón.

En cuanto al abdomen, solamente percibimos dolor cuando existe una mucosa gástrica inflamada o congestiva. Esto se puede deber a una enfermedad vascular coronaria, úlcera péptica o acidez, esofagitis por reflujo, causas psicológicas (irritabilidad o frustración), por enfermedades del hí­gado, vesícula biliar o apéndice, y también por causas proce­dentes de los riñones y los uréteres.

La diferenciación del dolor abdominal no puede hacerse por zonas (suele dividirse en nueve partes), ya que el aparato digestivo no es estanco y todas se comunican entre sí, y el dolor puede proceder de una anomalía situada en otro lu­gar distinto. Lo que suele ocurrir es que el paciente localiza su dolor de una manera muy sencilla: alrededor, encima o por debajo de su ombligo, y esta diferenciación puede ser su­ficiente si se tienen en cuenta las siguientes características:


2.1.2. Carácter del dolor

1. Hay que distinguir si le impide o no realizar sus labores cotidianas.

2. Si es continuo o una ligera molestia alterna. 

3. También hay que valorar cuándo apareció por primera vez, su duración to­tal y cómo se distribuye durante el día. 

4. Si aparece en forma de brotes, con intervalos cortos o largos, o de manera permanente. La aparición brusca de un dolor en una persona sana puede indicar hemorragias internas, perforación visce­ral, pancreatitis aguda o cálculos renales y vesicales. El do­lor diurno que se repite todos los días suele producirse por motivos digestivos y puede alternarse con periodos de tran­quilidad, como ocurre en la úlcera péptica.

5. Es punzante, opresivo o tan intenso que obliga a retor­cerse.

6. Si se localiza en el estómago o en los intestinos.

El uso del humor en la terapia

El uso del humor, el humorismo, ha sido definido por la Real Academia (1992) como una “Manera de enjuiciar, afrontar y comentar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso y aunque sea en apariencia, ligero. El uso del humor en la terapia debe apoyarse en el logro de una comunicación empática satisfactoria y en la imaginación creativa del terapeuta, el aspecto lúdico y la cualidad connotativa son característicos del humor, subrayando la necesidad de que sea usado con tacto. El resultado de este uso del humor se manifiesta en que el paciente accede a nuevas asociaciones y a una mayor plasticidad emocional y conceptual logrando así un incremento de la elaboración mediante nuevas recombinaciones e integraciones. Es necesario deslindar el humor en otras manifestaciones con las que se lo puede confundir. Por ejemplo la burla que tiende a poner en ridículo, la ironía que es una burla disimulada, el sarcasmo que es una burla sangrienta o ironía mordaz y la sátira que procura zaherir a una persona o una situación. Todas ellas tienden a colocar al interlocutor en una situación de inferioridad o minusvalía y dan lugar a que aparezca una sensación de humillación y denigración que puede llevar a una retaliación o venganza.

La risa y el buen humor son un poderoso remedio para un buen estado físico y mental. Además, es el más económico y al alcance de todos. Se trata de sacarle partido a nuestras capacidades innatas en propio beneficio y de los demás, de tener una perspectiva más amplia ante los problemas cotidianos y sentirnos mejor. Cultivar el buen humor en todo momento no es sinónimo de inmadurez sino de Salud Mental. La especie humana tiene sólo un arma realmente efectiva: la risa. En el momento en que surge la risa, toda nuestra dureza se desploma, toda nuestra irritabilidad y nuestros resentimientos se desvanecen y un espíritu "soleado" ocupa su lugar. Ser optimista no es estar alejado de la realidad, al contrario es poder evaluar todos lo aspectos negativos de una situación y evaluarlos desde un punto de vista más positivo. Como dice el proverbio chino. Si un problema tiene solución para qué te preocupas y si no la tiene para qué te preocupas, déjalo que fluya. El pesimista no _evalúa, ve todo lo malo sin distinguir que toda situación tiene un aspecto positivo también. De esta manera no puede verlo y se encierra en su propio círculo vicioso de displacer. Entonces, ¿quién vive fuera de la realidad? ¿El optimista que ve ambas caras o el pesimista que sólo ve una? La misión del humor es curar el alma. Transforma el dolor en placer. El objetivo que se persigue no es sólo reírse un rato, sino cambiar la actitud a favor de una percepción más positiva de la realidad. Esta terapia está basada en técnicas teatrales para recuperar la capacidad de juego y la alegría. Volver a conectarse con el niño que tenemos aún vivo en el interior. Hay pocas cosas tan placenteras y saludables como reírse a carcajadas.

El primero es la presencia de una adecuada comunicación empática en la pareja terapéutica. El hecho de considerar a la comunicación como un sistema implica: privilegiar la participación compartida en vez del monto informativo, enfatizar la importancia de la bidireccionalidad simultánea del intercambio y destacar la presencia de los componentes paraverbales y no verbales de dicha comunicación. Este sistema comunicativo podría denominarse orquestal o reticular.

Orquestal en el sentido multifacético o polifónico de las líneas melódicas, de la diversidad de voces, tonos, timbres y todas las otras características que se perciben cuando se asiste a la ejecución de una partitura musical. Reticular en el sentido de las diferentes texturas y tramas que conforman un tejido. En este contexto la comunicación es más un sistema de participación e intercambio en el cual están inmersos ambos participantes, que un pasaje de información. En cuanto a la empatía creo que no es solamente una cualidad del terapeuta. El hecho de que la empatía esté presente no sólo en la recepción de los mensajes, sino también en la emisión de las respuestas y que la empatía tenga una bidireccionalidad simultánea en el intercambio de mensajes afirma que el concepto debe ser ampliado a la pareja terapéutica en términos de vínculo empático. 

Uno de los primeros interrogantes que surgen al tratar de conceptualizar las características del uso del humor por parte del terapeuta es si nos encontramos en el terreno de lo lúdico. Pienso que lo lúdico no es privativo del análisis de los niños y que constituye un elemento muy valioso que debe ser tenido en cuenta. Otra de las características del uso del humor por el terapeuta es la posibilidad de encontrar y proponer otras connotaciones distintas de las que ofrece el paciente. Hay ocasiones en las que la cualidad denotativa de las intervenciones del terapeuta resulta insuficiente o, lo que es peor, corre el riesgo de ser intelectualizada.

En cambio el humor funciona como un efectivo agente antiintelectualizante. Las connotaciones humorísticas estimulan el pasaje desde la paradoja a la síntesis disyuntiva/copulativa, desarrollándose la posibilidad de tolerar pensamientos y sentimientos divergentes o aparentemente antitéticos. Su uso produce en el paciente un incremento en la plasticidad conceptual y emocional y estimula, en forma notable, la aparición de nuevas asociaciones. Se puede afirmar que el humor, al llevar al paciente a producir nuevas asociaciones, estimula la posibilidad de elaboración mediante nuevas recombinaciones e integraciones. Al reordenar las experiencias y las emociones en nuevas configuraciones, se abre la perspectiva de lograr cambios.

Es evidente que el uso del humor por parte del terapeuta no debe tener atisbos de ironía, que provoca resentimiento; ni de sarcasmo, que induce a la retaliación. El humor del analista es válido cuando forma parte de los procesos comunicativos respetando la participación simétrica de los interlocutores.

Esta relación entre empatía y tacto merece otras reflexiones. En primer lugar pienso que el tacto es producto de un vínculo empático “suficientemente bueno”. En segundo lugar considero que el tacto debe funcionar como parámetro de control de la “creatividad imaginativa” del terapeuta, indicándole hasta dónde puede llegar. Y por último postulo que la creatividad humorística del terapeuta, expresada con tacto, funciona como un importante agente de cambio y elaboración por su operatividad heurística.